lunes, 9 de noviembre de 2015

La función del profesor.

Aquella imagen del profesor sentado sobre su mesa dictando los contenidos ante un grupo de somnolientos alumnos que no paran de bostezar, mientras se afanan en tomar algo de apuntes, ha muerto. O al menos debería haber muerto. A la hora de plantearnos la función del profesor deberíamos desechar esos elementos arcaicos que convierten al profesor en una suerte de enciclopedia que transmite información a unos estupefactos alumnos. El profesor debe abandonar esa posición en favor de una nueva, ¿Pero cual debe ser esa nueva posición? Vivimos en la era de la información digital, el conocimiento está ahí, al alcance de un click, el problema es que de toda la información que encontramos, no toda nos sirve para adquirir ese conocimiento. De ahí que nuestro mayor problema actual sea el exceso de información sobre cualquier tema.

En este sentido el profesor debe ser un guía, debe crear el marco para que el aprendizaje se produzca. Debe enseñar a los alumnos a buscar la información, a cribar la información para llegar al conocimiento. La función del profesor es la de servir de puente entre los alumnos y el conocimiento tratando, casi de forma socrática, que el conocimiento brote en ellos mismos a través del acceso a fuentes de información. Esta es una posición que requiere mucha responsabilidad por parte del profesor. Cualquiera puede vomitar sus conocimientos para que los demás traten de asimilarlos, pero no cualquiera es capaz de enseñar a los demás a aprender. Y de eso se trata, de enseñar a aprender, de enseñar a que cada uno pueda aprender en el futuro sin necesidad de contar con un profesor, tan solo zambulléndose en esas fuentes de información. Crear, en definitiva, personas maduras capaces de buscar y seleccionar la información para enseñarse a sí mismas.

Esto implica un pensamiento crítico por parte de los alumnos, por lo que el profesor es, en última instancia, la persona encargada de despertar a sus alumnos de su letargo intelectual. Y esta función, tan poco valorada hoy en día, es la clave fundamental para crear personas comprometidas y responsables con el futuro del mundo en el que viven.

El valor de educar.

¿A qué se refiere el autor con "universalizar la educación"?

Se refiere al hecho de llevar la educación por igual a todo el mundo, sin distinciones de clase o posición social. Es decir, convertir la educación en un bien democrático que sea igual para todos, indistintamente de las cualidades propias que posea cada persona en función de su origen social y sus características naturales.

De las notas características que se han estudiado en el tema, ¿cuáles son las que seleccionarías para explicar lo que Savater propone en este texto?

Yo destacaría el hecho de que una verdadera educación democrática tiene como base reconocer la diversidad humana y nuestras particulares diferencias, pero dotando de igualdad social a todos nosotros. Indistintamente de nuestras particularidades, la educación debe romper las barreras y convertirse en algo universal que haga crecer a todos los seres humanos, a todos sin distinción.

Explica esta afirmación: La educación es la antifatalidad.

Durante muchos siglos tu posición social de nacimiento era la que perduraba de por vida. Nacías con un destino preconfigurado, un fatum ineludible que no podías superar. La educación rompe ese destino y permite que cualquier persona pueda elevarse por encima de su condición social de origen. En ese sentido la educación es antifatalidad, porque se opone a esa preconfiguración social de las personas.

¿Qué es para ti la educación, qué significado le otorgas?

Para mí la educación tiene dos vertientes, la que me reporta para mí y la que sirve a los demás. Desde un punto de vista personal, ejercer la educación es una forma de continuar el proceso de aprendizaje perpetuo; siempre he creído que nunca se debe dejar de aprender y por eso ser profesor es una forma no sólo de enseñar sino también de aprender por siempre. Por el lado de los alumnos, la educación sirve para formar personas; su significado es el de crecimiento, realización, posibilidades, futuro y libertad. Alguien sin educación jamás podrá ser libre; alguien que no posea educación nunca podrá desarrollarse tanto como alguien que sí la posea. Por eso la educación considero que debe ser universal, porque todos tienen el derecho de crecer, todos tienen el derecho de tener un futuro en libertad. Y ese debería ser el ideal que la educación defendiera, al menos bajo mi punto de vista.

La Escuela Moderna.

Durante las clases de ha hablado del fenómeno de la ILE (Institución Libre de Enseñanza) como un fenómeno revolucionario y sin parangón en el ámbito educativo de este país y del mundo entero. Sin embargo, aunque reconozco la aportación monumental de esta institución, me gustaría destacar otra más a través de un documental. La Escuela Moderna de Ferrer i Guardia. Un proyecto educativo de carácter libertario que me marcó cuando supe de su existencia histórica. A través de este documental me gustaría hacer mi aportación a esta vertiente histórica de la educación como fenómeno en constante evolución.


Unidos en la diversidad.

A Rosa Luxembrugo se atribuye aquella frase de: "Por un mundo donde seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres". Y es que no hay mayor verdad que la diversidad humana en la que nos encontramos y en la que se desarrolla la educación. Actualmente nos encontramos inmersos en el paradigma de la inclusión, de la educación inclusiva. El viejo ejemplo de la integración, aquel por el que los diferentes eran integrados dentro del grupo, ya se ha abandonado. La teoría de la inclusión afirma que todos somos diferentes, que la diversidad es un hecho porque todos somos humanos y cada uno tenemos nuestras particularidades, pero que aun así debemos ser tratados todos por igual como parte de un mismo grupo. Bajo este principio se articula nuestra concepción actual de la educación, algo que considero verdaderamente positivo.

Reconocer que todos somos diferentes, pero que aun así merecemos el mismo derecho, el mismo respeto, y la misma educación es dar un gran paso en la ética humana. La verdadera igualdad, que no consiste en uniformar a los seres humanos, sino en reconocer la igualdad social de todos ellos, es la clave que rige este paradigma inclusivo. Realmente es algo costoso, algo que muchos profesores aun no comprenden, por lo que siguen trabajando con la antigua integración. Por eso creo que no esté de más recordar que, aunque la inclusión está en vigencia, esta no debe ser sino un reflejo de la propia sociedad en la que vivimos. Unidos en la diversidad por una educación que llegue a todos nosotros por igual, ese debe ser el ideal que rija nuestra forma de entender la igualdad en la diversidad.

El mejor profesor.

Cuando pienso en qué cualidades tenía el mejor profesor que he tenido, siempre me vienen a la memoria una suba de diferentes aspectos de profesores muy variados. Lo primero a destacar es que no me enseñaban contenidos de por sí, sino que me motivaban a aprender más y más por mi cuenta; los profesores que más me han enseñado no lo han hecho en el aula con contenidos, sino a través de la motivación y de plantar en mí la semilla de la curiosidad. La segunda cualidad es que eran profesionales que se preocupaban por su trabajo, sintiendo pasión por el mismo y tratando de dar lo mejor de sí mismos. Finalmente podría destacar su compromiso con la sociedad, un compromiso que iba más allá de lo estipulado en currículos o leyes educativas, puesto que trataban de formar personas competentes con criterio propio. La suma de todas esas características haría al profesor perfecto para mí.

Comparando con mis compañeros son muchas las cualidades que en común se podrían enumerar sobre un buen profesor: Dominio de los contenidos, paciencia, diversión, empatía, flexibilidad, respeto, interacción con los alumnos y, en definitiva, toda una serie de cualidades personales que convierten la enseñanza en algo vocacional. Todos ellos han servido de ejemplo para ser lo que quiero ser, de todos ellos puedo extraer cosas positivas para forjar al profesor que me hubiese gustado tener, ese ideal que cumple las características de todos los profesores que me han marcado. Es importante realizar un homenaje de este tipo, sobre todo en un país como este en el que parece que la educación está cada vez más denostada. Existen ahí verdaderos profesionales que son todo un ejemplo para los que queremos caminar también por la senda de enseñar a aprender a los demás.

Las Misiones Pedagógicas.

Me gustaría compartir aquí un documental sobre las Misiones Pedagógicas. Fue un documental que en su día me emocionó bastante porque supuso para mí comprender el esfuerzo que algunas buenas personas han hecho por erradicar la ignorancia o, al menos, por llevar la cultura a todos los recónditos lugares de este país. Ese afán por enseñar, muy ligado a la aventura de recorrer los pueblos y aldeas con gran entusiasmo, fue lo que me marcó. Espero que nosotros como futuros profesores nunca perdamos ese espíritu aventurero que todo buen educador necesita tener siempre.


Aprender para olvidar.

¿Para qué aprendemos? Esta es una de las cuestiones que cualquier persona, no sólo un futuro profesor, debe plantearse. Saber cual es el objetivo de la educación es fundamental a la hora de confiar en ella o pretender mejorarla. Si no sabemos para qué aprendemos, ¿Cómo podríamos centrarnos en mejorar dicho aprendizaje? La realidad es que, debajo de todo, subyace una necesidad natural del propio ser humano: necesitamos aprender por naturaleza; necesitamos del aprendizaje para desarrollarnos plenamente como seres humanos. El aprendizaje se convierte en una cuestión fundamental para la vida; aprendemos para la vida. Esta es al menos la respuesta que nos viene a la mente si pensamos en el aprendizaje y en el sentido de la educación. Pero démosle otro enfoque a la misma pregunta. ¿Verdaderamente aprendemos para la vida? Esta ya es una cuestión diferente.

Recuerdo precisamente de mi etapa como estudiante que la mayoría de lo que me enseñaron ya lo olvidé. Quizás aquellos elementos que más me han marcado o que me resultaron especialmente interesantes resisten más en la memoria, pero la mayoría han ido desapareciendo. Este aprendizaje para olvidar es una de las mayores lacras que pueden existir en la actualidad y es, además, un problema que llevamos arrastrando desde bastante tiempo en nuestro sistema educativo. Este aprendizaje memorístico sigue siendo la base de muchas enseñanzas actuales y desde mi punto de vista no deja de estar obsoleto en muchos de sus sentidos. Es cierto que algunas cuestiones requieren de la memoria, pero basar todo el aprendizaje en este método es, cuanto menos, seguir apelando al aprendizaje para olvidar.

Curiosamente, basar todo en la memoria es aprender para olvidar, ¡Qué paradoja! Por eso considero que para no olvidar, para aprender para la vida, es necesario cambiar el enfoque memorístico de una vez por todas.